Fábula

Introducción

[Del lat . fabula, conversación sin importancia]. Rumor, hablilla. Relato falso o ficción artificiosa con la que se encubre o disimula una verdad. Composición literaria breve, generalmente en verso, en la que se presenta con finalidad moralizante una ficción alegórica protagonizada por seres irracionales, inanimados o abstractos. Otras acepciones literarias identifican la fábula con un mito o leyenda mitológica (de ahí el desarrollo del poema mitológico, en boga en el Siglo de Oro) y con una narración o representación inventadas para deleitar. También se denomina así, según el Diccionario de la Real Academia Española, a la serie y contexto de incidentes de que se compone la acción y de los medios por que se desarrolla ésta en los poemas épicos y dramáticos. El amplio sentido que el término posee en el ámbito literario ha hecho que aquél se asigne a muy diversos tipos de obras; así, Lope de Vega lo empleó en su égloga a Claudio como sinónimo de obra teatral y diversos autores renacentistas y barrocos lo incorporaron a los títulos de sus escritos (caso de Francisco de Aldana y su Fábula de Faetonte, de Pedro Espinosa y su Fábula de Genil, y de Luis de Góngora y Argote y su Fábula de Polifemo y Galatea) para dar a éstas el sentido de cosa inventada o de origen mítico o legendario. Este mismo sentido es el que da al término Antonio Alcalá Galiano en el “Prólogo” a El Moro Expósito (1834) del duque de Rivas cuando dice, al hablar de la literatura romántica, que los poetas que la cultivan han abandonado “los argumentos de la fábula e historia de las naciones griega y romana...”. No obstante estas numerosas interpretaciones, la fábula se ha ido individualizando y definiendo como una composición didácticomoral, normalmente en verso, consistente en un relato corto de gran sencillez estilística que comienza (caso de la adfabulación) o termina (caso de la postfabulación) con un consejo moral o moraleja; sin embargo, este género menor –considerado por algunos autores como de segunda clase– raramente se presenta en forma pura, pues está emparentado con otros también menores como el apólogo (por su finalidad didáctica), con el que habitualmente se identifica, y con el bestiario (por la presencia de animales personificados). Ya diferenciados por La Fontaine, tanto la fábula como el apólogo han acentuado progresivamente su diversidad teórica –ya que en la práctica se confunden–; así, el apólogo suele definirse como una composición en prosa con una tendencia moralizante donde la verdad queda encubierta por la fantasía, mientras la fábula es una composición en verso con una tendencia narrativa y costumbrista donde la verdad puede darse sin ese encubrimiento. Algunos autores llaman “apólogos” a las fábulas en las que los interlocutores son animales irracionales o seres inanimados, y reservan el nombre de “fábulas racionales” o “parábolas” para las que tienen a hombres por protagonistas y el de “mixtas” para aquéllas en las que aparecen juntos hombres y animales o seres inanimados.

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