Cantigas de Santa María

Introducción

La obra lírica galaico-portuguesa de Alfonso X el Sabio (s. XIII) abarca 44 cantigas profanas y 426 religiosas. Entre las primeras predominan los cantares de burlas, con amargas sátiras de carácter guerrero contra la cobardía de algunos caballeros o con parodias de otros géneros. De las religiosas (Cantigas de Santa María), 356 son narrativas; las demás, con la excepción de una introducción y dos prólogos, son de loor o conmemoran festividades marianas o cristológicas. Aunque los temas y las imágenes tienen sus antecedentes en la tradición mariológica, tanto latina como romance, múltiples aspectos las hacen destacar de sus posibles modelos: la extensión, la variedad métrica, la artificiosa organización del conjunto, las miniaturas, las anotaciones musicales, etc. La variedad de las formas métricas es extraordinaria, especialmente por lo que se refiere a las 64 no narrativas, que muestran 53 combinaciones distintas. Por el contrario, las narrativas adoptan, en su mayoría, la estructura del zéjel. La ordenación del conjunto, basada en los números 5, 10 y 50, de reconocido valor simbólico en la tradición mariana, es asunto polémico, pues es divergente en los tres códices conservados. Para Walter Mettaman, ello responde a una elaboración en tres fases, correspondientes a los años 1270-1274, 1274-1277 y 1277-1282. Las miniaturas alcanzan un grado de perfección inigualable en su época, aunque no llegaron a ejecutarse todas las proyectadas. Salvo el poema introductorio, todas están acompañadas de melodías. Las conclusiones a las que llegan actualmente los estudios especializados sobre los aspectos musicales, poéticos e iconográficos obligan a considerar la Corte de Alfonso X como un lugar de encuentro en donde se observan influencias diversas: islámicas y bizantinas, ante todo, sin olvidar las francesas. Asunto discutido es la participación del rey sabio. Para Walter Mettmann “una fracción muy importante de la obra procede de una misma pluma mientras que el resto muestra rasgos estilísticos que hacen suponer varios autores”. Como colaboradores se mencionan los nombres de Arias Nunes, en el plano poético, y Gil de Zamora o Bernardo de Brihuega, en el teológico. Otros críticos destacan el tono personal de muchas de ellas y atribuyen a Alfonso X la homogeneidad estilística de la colección. Pese a que en su tiempo algunas de ellas se cantaran en festividades religiosas, y el mismo rey sabio lo indicara así en su testamento, la repercusión posterior de las Cantigas fue mínima. [M.L.D.]

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