Alcalde

Introducción

[Del ár. al-qadí, juez]. Presidente del Ayuntamiento de cada pueblo o término municipal, encargado de ejecutar sus acuerdos, dictar bandos para el buen orden, salubridad y limpieza de la población y cuidar de todo lo relativo a la política urbana. Es además, en su grado jerárquico, delegado del Gobierno en el orden administrativo. Los antecedentes de la institución se encuentran en los primeros tiempos de Roma al configurar a los duunviros como presidentes de las asambleas y del Senado municipal, encargándoles conjuntamente la jurisdicción civil y criminal. Existen figuras similares en el Derecho visigodo, como los vicarios y vílicos que actuaban como delegados de la nobleza. Con la invasión musulmana el municipio comenzó a funcionar bajo el sistema de Concejo abierto, asamblea general de vecinos que elegía presidente con atribuciones judiciales. La persona designada adquirió el nombre de alcalde por transposición de la voz árabe al-qadí, juez, cuya denominación se introdujo en la España cristiana mediante los asentamientos mozárabes, que a partir del s. X se instalaron en los reinos de Castilla y de León. En el Fuero de este último, otorgado por Alfonso V en 1020, apareció por primera vez el nombramiento y se reguló su competencia. Durante doscientos años se fue incorporando a los Fueros de otras localidades, hasta que fue establecido en el Fuero Viejo de Castilla, promulgado por Alfonso VIII en 1212. Las primeras aplicaciones están vinculadas a los jueces designados en el concilium territorial en la alta Edad Media para ejercer junto al iudex la función judicial. En los señoríos el alcalde era nombrado por el mismo señor. En algunas zonas de Aragón y Navarra se le llamó también justicia o zalmedina y sus atribuciones fueron judiciales, administrativas, económicas y militares (policía, pesos y medidas, precios de las subsistencias y organización de la hueste municipal). Su libre elección, acontecimiento que ya era frecuente en el s. XII, llegó a ser un rasgo diferenciador entre los municipios. Los alcaldes eran dos en cada localidad formando colegio y su mandato duraba un año. Se les llamó bayles en Aragón, Valencia y Mallorca, fieles en el señorío de Vizcaya y vegueres y concellers en cap en Cataluña. Tenían que ser vecinos de la villa y efectuar juramento del cargo. Atendían cuestiones de índole civil o criminal de las que se excluían los casos de Corte. Desde la baja Edad Media se incrementó la tendencia de los monarcas a participar en el nombramiento de los alcaldes locales. En ocasiones se llegó a un acuerdo, mediante el cual el Consejo presentaba una lista de candidatos entre los que el rey decidía o refrendaba, procedimiento habitual durante el s. XV que se mantuvo durante la Edad Moderna a pesar de las continuas reclamaciones por parte de los municipios para poder elegir a los alcaldes ordinarios. La función judicial del alcalde sufrió una evolución paralela a la del corregidor hasta la Ley Municipal de 1845, que les atribuyó facultades civiles, aunque con carácter excepcional, mantenidas hasta la creación de los Juzgados de Paz por Real Decreto de 22-X-1858. Actualmente (según Ley Orgánica de 1985) los vecinos del municipio eligen directamente a los concejales y éstos al alcalde, que debe ser el cabeza de lista de una de las candidaturas presentadas que hayan obtenido representación. Su mandato dura cuatro años. Es jefe de la administración municipal, preside el Ayuntamiento y Comisión Permanente y es delegado del Gobierno salvo en los casos exceptuados por la ley (v. Administración).

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